domingo, 30 de noviembre de 2014

¿Meditación o rezo del Papa Francisco?

EN LA MEZQUITA AZUL DE ESTAMBUL

¿Meditación o rezo del Papa Francisco?

EFE
En el otro acto religioso de la jornada, Francisco protagonizó una oración junto a Bartolomé I, patriarca ecuménico ortodoxo, en la Iglesia Patriarcal de San Jorge de Estambul.
El Papa Francisco junto al Mufti de Estambul, Rahmi Yaran / EFE
El papa Francisco llegó este sabado a Estambul, en cuya Mezquita Azul rezó en 'adoración silenciosa' a Dios junto con líderes musulmanes, y posteriormente invocó por otro lado la reunificación con los ortodoxos y otras iglesias cristianas. Además, el pontífice argentino tuvo su primera oportunidad de recibir el entusiasmo popular por su visita a Turquía de parte de la muy reducida comunidad católica durante la misa concelebrada que presidió en la Catedral del Espíritu Santo.
Los actos religiosos dominaron ya hoy la segunda jornada del papa en Turquía, adonde llegó el viernes y en cuya capital, Ankara, desarrolló una agenda oficial sin celebraciones litúrgicas y caracterizada por la recepción que le hicieron las autoridades civiles. El papa llegó por la mañana a Estambul, la antigua Constantinopla, e inmediatamente se trasladó a la Mezquita Azul, donde se produjo lo que el Vaticano calificó de 'adoración silenciosa' a Dios. Esa mezquita fue el escenario elegido por el papa Bergoglio para protagonizar un acto que previamente había sido descrito como una meditación o recogimiento y que los medios de comunicación en seguida calificaron de 'rezo' u 'oración'.
La elección por parte del Vaticano de la descripción de lo que pasó en la mezquita con un papa -que se descalzó en el lugar, donde le acompañó el mufti de la ciudad, Rahmi Yaran- hizo recordar la situación similar que el anterior pontífice, Benedicto XVI, protagonizó hace ocho años. El papa argentino inclinó la cabeza y unió sus manos junto al mufti, en una actitud que recordaba a la de 2006 de Benedicto XVI, que entonces causó polémica por unas declaraciones previas suyas que se interpretaron como un ataque a los musulmanes. El gesto de ambas personalidades religiosas duró unos dos minutos y el portavoz del Vaticano, Federico Lombardi, aseguró que el comportamiento del pontífice fue 'idéntico' al de hace ocho años.
El gesto de Benedicto XVI fue polémico en Turquía por aquellas declaraciones y por el hecho de ver a un papa ante el mihrab, el nicho que se orienta hacia el lugar más sagrado del Islam, La Meca, aunque la Santa Sede explicó entonces que el pontífice no rezó en el lugar sino que protagonizó un momento de 'meditación'. Para los medios de comunicación turcos no hubo duda alguna de que lo que protagonizó hoy Bergoglio fue un 'rezo' y así lo denominaron por ejemplo la televisión privada 'NTV' o el diario 'Hürriyet', el más importante del país.
La jornada terminó con la oración conjunta de Francisco con el patriarca ecuménico ortodoxo Bartolomé I, que rezaron en la Iglesia Patriarcal de San Jorge de Estambul una plegaria en la que desearon la unificación de sus respectivas iglesias y con los demás cristianos. La celebración ecuménica fue saludada por Bartolomé I, cabeza de una institución que es la de más alto rango de la ortodoxia (su primado encarna la unidad de esta corriente del cristianismo), como 'un evento histórico y lleno de buenos auspicios para el futuro'. La ceremonia se celebró en la catedral ortodoxa, que es la sede del Patriarcado Ecuménico y era una de las cinco principales de la cristiandad antes del cisma de 1054 que marcó la separación de los católicos.
El patriarca Bartolomé I constató que existe 'voluntad' por parte del pontífice y de la Iglesia de Roma y ello con el claro objetivo de alcanzar 'el restablecimiento de la plena comunión entre nuestras Iglesias'. Y ello poco después de que el papa argentino, en la eucaristía concelebrada en la pequeña catedral católica de Estambul, defendiera 'la variedad' de la Iglesia y pidiera abandonar los 'particularismos y exclusivismos' que provocan la división de los cristianos. 'El Espíritu Santo hace la unidad de la Iglesia: unidad en la fe, unidad en la caridad, unidad en la cohesión interior. 'La Iglesia y las Iglesias están llamadas a dejarse guiar por el Espíritu Santo, adoptando una actitud de apertura, docilidad y obediencia', agregó el papadurante su homilía. El papa dijo también, precisamente en un viaje caracterizado por las señales hacia otras iglesias cristianas no católicas, que 'la riqueza, la variedad, la diversidad nunca crean conflicto'. El pontífice había llegado al templo entre los vítores de los congregados en el exterior y la pequeña catedral, que pasa inadvertida desde la calle donde se ubica, se quedó escasa para acoger a los numerosos fieles que la abarrotaban.
Los actos ecuménicos y de aproximación a otras confesiones continuarán el domingo, última jornada del viaje de Francisco a Turquía -un país con una presencia meramente testimonial de los cristianos, pues más del 99 por ciento de la población es musulmana- con un nuevo encuentro con el patriarca ecuménico. Habrá, entre otros eventos, una divina liturgia de ambos en la Catedral de San Jorge, que precederá a la firma de una 'declaración conjunta' del papa y el patriarca, pero antes está previsto que Francisco se reúna en la representación pontificia, donde pernocta, con el Gran Rabino de Turquía, Isak Haleva.

Reunión de la OPEP: nueva presidenta, mismas cuotas Gonzalo Escribano.

Reunión de la OPEP: nueva presidenta, mismas cuotas

Gonzalo Escribano. Comentario Elcano 66/2014 - 28/11/2014


Gonzalo Escribano. Director del Programa de Energía / Energy Programme Director. Elcano 2013La reunión del 27 de noviembre de la OPEP en Viena terminó sin acuerdo para reducir la producción de sus miembros e intentar así frenar la caída del precio del petróleo, que acumulaba una caída del 30% desde junio. Nada más trascender el mantenimiento de las cuotas de producción, inalteradas desde 2011, el precio del barril llegó a caer un 7% para el Brent de referencia en Europa, cerrando apenas por encima de los 73 dólares. El West Texas americano perforó una nueva barrera psicológica al bajar de los 70 dólares. Tan rotundo fracaso ha ahondado el consenso acerca de que la OPEP ya no es lo que era. De representar casi la mitad de la producción mundial antes de la crisis del petróleo de 1973 ha pasado a apenas el 40% de la misma. El elevado nivel de precios de los últimos años ha fomentado la producción en aguas profundas en Brasil y África Occidental y la no convencional en EEUU y Canadá, al tiempo que ha destruido demanda en los países industriales, cada vez más concernidos por la eficiencia energética y la transición hacia modelos de transporte descarbonizados. En cada uno de los últimos cinco años, EEUU ha sumado casi un millón de barriles diarios a su producción, hasta superar este mismo año a Arabia Saudí como primer productor mundial. Arabia Saudí, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos y Qatar tienen más espacio fiscal y más reservas de divisas para afrontar precios bajos durante períodos prolongados. Los demás miembros afrontan situaciones complicadas en lo político y/o lo económico.
Algunas de esas situaciones son especialmente dramáticas, como los conflictos que aquejan a Libia e Irak, cuya situación de seguridad resulta especialmente vulnerable a la caída de precios. Ninguno de los dos está sometido a la disciplina de las cuotas, pero sus gobiernos tampoco controlan plenamente sus recursos, sea por el petróleo rebelde libio o el crudo kurdo iraquí. Además, ambos presentan riesgos de desbordamiento en Oriente Medio y el Norte de África. Otros atraviesan grandes dificultades económicas, como Venezuela y Nigeria, por cierto compartidas con países no miembros de la OPEP como Rusia y México. Irán está sometido a embargo y su economía en situación igualmente precaria. Argelia, otro de los tradicionales “halcones” de la organización, se encuentra más exigida fiscalmente desde la primavera árabe para mantener la paz social. Todos ellos son en la práctica mono-exportadores de hidrocarburos que han sido incapaces de diversificar sus economías: su fuerza se ha convertido en flaqueza.
La última reunión de la OPEP muestra, por tanto, la debilidad de algunos de sus miembros y la capacidad cada vez más reducida de la organización para influir en los mercados. Vistos sus efectos cabe pensar que hubiese sido mejor no celebrarla antes que hundir aún más el precio. El único resultado positivo del encuentro ha sido el nombramiento para 2015 de Diezani Alison-Madueke, ministra del petróleo de Nigeria como primera mujer presidenta de la Conferencia. Y sólo parcialmente, pues aunque su papel sea testimonial no resulta alentador que recaiga en un país que cesó hace unos meses al gobernador de su banco central por denunciar que la compañía nacional del petróleo tenía 20.000 millones de dólares sin contabilizar. Aunque todo es relativo, pues el presidente saliente, Al-Ahirish, vice-primer ministro del gobierno libio reconocido internacionalmente, ha estado más preocupado por impedir la asistencia del ministro del petróleo del gobierno rival instalado en Trípoli que por preparar el encuentro. Hay que recordar que fue la Agencia Internacional de la Energía la que respondió en 2011 a la crisis libia liberando reservas estratégicas, no la OPEP aumentando su producción. La nueva presidenta pertenece a un gobierno que afronta unas elecciones cruciales en 2015, lo que da algunas pistas de la función política, cada vez de menos alcance, que juega hoy la organización.
Algunos analistas consideran de hecho que la organización se ha convertido en un “mito racional”, incapaz de cumplir una función económica y limitada al juego político de proporcionar reconocimiento, cada vez menos internacional y más doméstico. En cierto sentido esto siempre ha sido así, pues el liderazgo ejercido por Arabia Saudí ha tenido la última palabra. Y ahora su apuesta es mantener la cuota de mercado, razón por la cual inició hace un par de meses una política de descuentos inmediatamente seguida por los demás productores del Golfo. Y si con eso se desincentivan nuevas inversiones en aquellos recursos más costosos, como el petróleo no convencional, el de aguas profundas o incluso el del Ártico, mejor. Los países del Golfo Pérsico tienen las mayores reservas de petróleo del mundo, y el tiempo juega a su favor siempre que lo gestionen de manera adecuada, con las importantes excepciones que suponen las urgencias de Irak e Irán.
Es cierto que la OPEP no tiene el poder de mercado ni el peso político que tuvo hasta hace apenas unos años. Pero también lo es que está llamada a recuperarlo a largo plazo, pues las proyecciones existentes, por ejemplo de la Agencia Internacional de la Energía o de la propia US Energy Information Administration, apuntan a que la producción no convencional se estancará a partir de 2020 para declinar en la segunda mitad de esa década. Para 2040, la OPEP volvería a representar la mitad de la producción mundial de crudo, aunque probablemente varios de sus actuales miembros habrán agotado gran parte de sus recursos para entonces y no deberán preocuparse por cuota alguna. No es desde luego el caso de los países del Golfo Pérsico, que pasarán del 27% de la producción mundial que suponen actualmente al 33% de la misma en 2040. La demanda de petróleo puede estancarse a corto plazo por la ralentización de la economía mundial, pero a largo plazo sigue presentando una tendencia fuertemente creciente. Finalmente, la volatilidad del arco de inestabilidad geopolítica que se extiende desde Oriente Medio al Norte de África y a través del Sahel hasta África Occidental puede ocasionar problemas de suministro que sólo Arabia Saudí podría compensar de manera suficientemente rápida. Algo semejante debe contemplarse si continúa la escalada en la rivalidad estratégica entre Rusia y Occidente.
El mensaje que deberían estar procesando los gobiernos de los países consumidores es que la ventana de oportunidad para reformar su política energética que ofrece la bajada de precios será necesariamente corta. Puede ser cuestión de meses si los principales productores así lo deciden. En el escenario más optimista podría prolongarse hasta que la producción no OPEP, convencional y no convencional, declinen a mediados de la próxima década. No obstante, no parece previsible que la demanda de los mercados emergentes ni las estrategias de maximización de ingresos de Arabia Saudí y otros grandes productores de la OPEP den una tregua tan larga. La caída de los precios del petróleo brinda muchas oportunidades. Por ejemplo, a nivel europeo, donde su efecto sobre la inflación debería facilitar la adopción de medidas expansivas en vez de preocupar por su efecto deflacionario. En el ámbito geopolítico también puede ayudar a rebajar el aventurerismo táctico del presidente Putin. Por mencionar sólo dos casos, de momento una caída del 30% del precio del petróleo, al que están indexados los contratos de gas rusos, no sólo ha rebajado el importe del acuerdo con China de mayo, sino también facilitado el acuerdo sobre los precios con Ucrania mediado por la UE.
Pero las oportunidades más evidentes son meramente energéticas y carentes de connotaciones geopolíticas directas, como ha mostrado la India aprovechando la caída de precios para reducir los subsidios a los combustibles fósiles. En sentido contrario, también ofrece la oportunidad política de reducir externalidades medioambientales negativas aumentando los precios del carbono, hoy muy bajos, o introduciendo impuestos ambientales para compensar en parte la caída de precios y sus efectos indeseados sobre la eficiencia. Si el objetivo que alienta la estrategia saudí es inhibir la sustitución de sus hidrocarburos por fuentes no convencionales o renovables y evitar la destrucción de demanda adicional de las mejoras en eficiencia energética, los países consumidores deberían escapar de ese resultado (¡Son los saudíes, Europa!). Caer en el conformismo pensando que los precios seguirán bajos y obviando que a largo plazo las reservas están del lado de la OPEP sería un gran error estratégico. La OPEP tal vez ya no sea lo que era, pero tampoco será lo que ahora es indefinidamente. Estamos avisados.
Gonzalo Escribano es director del Programa de Energía y Cambio Climático del Real Instituto Elcano | @ g_escribano

España, de nuevo, en el Consejo de Seguridad: ¿qué cabe esperar?

España, de nuevo, en el Consejo de Seguridad: ¿qué cabe esperar?

Juan Antonio Yáñez-Barnuevo. ARI 60/2014 - 28/11/2014


United Nations Security Council. Blog Elcano
Tema: España ha conseguido acceder por quinta vez a un puesto de miembro no permanente del Consejo de Seguridad, para el período 2015-2016.
Resumen: Mediante una intensa campaña llevada a cabo por gobiernos de distinto signo político a lo largo de casi un decenio y tras salvar no pocas dificultades en una apretada contienda, España ha conseguido acceder por quinta vez a un puesto de miembro no permanente del Consejo de Seguridad, para el período 2015-2016. Este ARI repasa los factores básicos en presencia: el Consejo en que se va a integrar España, las cuestiones que están sobre la mesa y que podrían plantearse y, finalmente, la España que accede al Consejo y su previsible papel durante este próximo bienio.
Análisis: Mediante una intensa campaña llevada a cabo por gobiernos de distinto signo político a lo largo de casi un decenio y tras salvar no pocas dificultades en una apretada contienda, España ha conseguido acceder por quinta vez a un puesto de miembro no permanente del Consejo de Seguridad, para el período 2015-2016. Ello supone indudablemente un éxito para nuestro país, al haber obtenido el respaldo de más de dos tercios de la Asamblea General de la ONU para formar parte del órgano primordialmente encargado del mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales, conforme a la Carta de San Francisco. Ese mandato constituye, ante todo, un ejercicio de responsabilidad compartida en el escenario global, que habrá de ser asumido adecuadamente si queremos estar a la altura de la confianza recibida. Repasemos, pues, los factores básicos en presencia: el Consejo en que se va a integrar España, las cuestiones que están sobre la mesa y que podrían plantearse y, finalmente, la España que accede al Consejo y su previsible papel durante este próximo bienio.
El Consejo de Seguridad al que llega España
Lo primero que hay que recordar es que el Consejo sigue siendo, en su estructura, el mismo que surgió de la reforma de la Carta que en 1965 amplió el número de sus miembros no permanentes de seis a 10 y, por tanto, su composición plena de 11 a 15, al mantenerse los cinco miembros permanentes (EEUU, el Reino Unido, Rusia, Francia y China). Esa composición ha sido criticada por no corresponder del todo a la comunidad internacional conforme se ha desarrollado en el último medio siglo; pero lo cierto es que, tras más de dos décadas de debates y negociaciones en la Asamblea General, no ha sido posible llegar a un acuerdo tan amplio que permita una ampliación del Consejo mediante una nueva reforma de la Carta, que exigiría la ratificación por dos terceras partes del total de Estados miembros de la ONU, incluidos los cinco miembros permanentes.
Al estar bloqueada, por el momento, la vía de la revisión formal del Consejo, se intensifican las presiones de muchos grupos de países para que el Consejo modifique diversos aspectos de su funcionamiento, de manera que sea más transparente y esté más atento a las preocupaciones del conjunto de los Estados miembros de la ONU. Esta tendencia, sin duda, va a gravitar sobre la actuación del Consejo durante el próximo bienio y España debe ser muy consciente de ello, como se desprende del programa (“España en el Consejo de Seguridad: transparencia y responsabilidad”) con el que ha hecho campaña para su elección. En efecto, los ojos del conjunto de los Estados miembros de la ONU estarán puestos en los no permanentes, quienes han de llevar el peso de la batalla en el Consejo para conseguir mayores niveles de apertura y participación (un movimiento, por cierto, en cuyo arranque participó España hace 20 años dentro del Consejo, junto con países latinoamericanos y también Nueva Zelanda).
Otro dato particularmente relevante es el de la fractura interna del Consejo. Desde que los cinco grandes comenzaron a cooperar en 1987, en plena era Gorbachov, para poner fin a la guerra entre Irán e Irak y esa tendencia se acentuó con el final de la Guerra Fría, la actividad del Consejo ha venido siendo muy intensa, con una clara reducción en el número de vetos por parte de los miembros permanentes y la proliferación de resoluciones acordadas sobre muchos conflictos en diversas partes del mundo, de Centroamérica a Camboya y del África Austral a Timor Oriental. Sin duda, ha habido también discrepancias y dificultades en distintos momentos, en particular respecto de los conflictos en la ex Yugoslavia y de la invasión de Irak en 2003. Pero esas cuestiones acabaron por encauzarse o, en todo caso, no causaron un resquebrajamiento duradero en el seno del Consejo. La situación, ahora, puede ser distinta. Las crisis de Siria y, especialmente, de Ucrania han provocado un profundo distanciamiento entre Occidente y Rusia, así como, en menor grado, con China. Puede que no estemos todavía en una nueva guerra fría como la que prevaleció en las relaciones internacionales durante décadas, pero en todo caso parece que estamos entrando en una fase de turbulencias que podría caracterizarse como de “paz gélida”. De ser así, ello se reflejará inevitablemente en el funcionamiento y la eficacia del Consejo.
Paradójicamente, esa situación, aunque no sea bienvenida, puede ofrecer oportunidades a los miembros no permanentes y en concreto a un país como España. En efecto, cuando las cinco grandes potencias están de acuerdo en las cuestiones importantes o, al menos, en los temas fundamentales (ya se sabe que, normalmente, se consultan entre ellas en privado y tratan de concertarse, sobre todo en los temas que afectan al arma nuclear y a medidas coercitivas, como sanciones o el empleo de la fuerza), los demás miembros del Consejo no tienen otra opción, las más de las veces, que la de alinearse con el acuerdo emergente, quizá procurando agregar alguna matización en el texto que vaya a adoptar el Consejo. En cambio, cuando la dinámica es de confrontación entre los permanentes, pueden abrirse espacios para una iniciativa propia por parte de los no permanentes o de algunos de ellos. Así, por ejemplo, el relevante papel desempeñado en los últimos meses en el Consejo por Australia y Luxemburgo, junto con Jordania, en cuanto a los aspectos humanitarios del conflicto sirio (papel que lógicamente debería recaer a partir de enero sobre sus sucesores, España y Nueva Zelanda, siempre con Jordania).
De forma general, no hay que olvidar que las decisiones del Consejo de Seguridad se adoptan sea por consenso o unanimidad, sea por una mayoría de al menos nueve votos (obviamente, sin que se interponga ningún veto). Dicho de otro modo, las abstenciones agregadas de siete no permanentes equivalen funcionalmente a un veto. Por consiguiente, cada voto cuenta y cada miembro no permanente tiene interés en concertarse con otros afines para reforzar su posición negociadora dentro del Consejo. Normalmente, España se coordinará de manera continua con los demás miembros de la UE (Francia, el Reino Unido y, durante 2015, Lituania) y también estará en estrecho contacto con EEUU, pero, lógicamente, también debería mantener un diálogo fluido con otros no permanentes que puedan compartir determinadas posiciones (como debería ser el caso, entre otros, con países como Nueva Zelanda, Chile, Jordania, Nigeria o Angola, durante 2015, o varios de los que previsiblemente ocupen puestos en 2016, como Uruguay, Japón, Ucrania, Senegal o Egipto).
Dentro de ese variado grupo de países, corresponderá probablemente a España y Nueva Zelanda, como ya hicieron en el pasado, el capitanear los esfuerzos para que el Consejo no olvide aspectos fundamentales para la comunidad internacional que a veces los grandes tienden a obviar en función de intereses más inmediatos o ventajas pasajeras: cuestiones como el imperio del Derecho, la defensa de los derechos humanos, el respeto del Derecho internacional humanitario, la lucha contra la impunidad de los responsables de los crímenes más graves de trascendencia internacional, el especial papel de la mujer en la situaciones de conflicto, así como el recurso a la mediación y otros medios pacíficos de arreglo de las controversias. En las diversas ocasiones en que España ha sido miembro no permanente del Consejo se encuentran notables ejemplos de iniciativas, en su día novedosas, que fueron aceptadas por los demás miembros y que supusieron avances significativos en la construcción de una comunidad internacional más justa (sin ir más lejos, su activa participación en la creación, en 1993 y 1994, de los tribunales penales internacionales para la ex Yugoslavia y Ruanda, precursores de la Corte Penal Internacional de carácter permanente y general). Ahora, España debería estar preparada para, si la ocasión se presenta y contando con los necesarios apoyos, lanzar alguna iniciativa relevante en esos ámbitos.
Los temas sobre la mesa del Consejo… y los que podrían venir
España se va a encontrar con una cargada agenda en el Consejo. El año actual se ha caracterizado por una serie de crisis (Siria/Irak, Ucrania, Gaza, Libia, República Centroafricana, epidemia de ébola, por mencionar solo unas cuantas) que se han acumulado a otras ya en curso, de tal manera que se ha puesto a prueba la capacidad del Consejo, y del propio sistema de la ONU, para hacer frente a múltiples situaciones al mismo tiempo, por no hablar de la agudización de las tensiones entre las grandes potencias.
Es evidente que el mayor reto para la comunidad internacional se presenta hoy en Oriente Medio, donde se yuxtaponen e imbrican diversos conflictos y situaciones de crisis: Siria e Irak (casi un solo campo de batalla hoy en día, tras la explosiva expansión de las operaciones del auto-denominado Estado Islámico o ISIL, con repercusiones en todos los países vecinos en forma de millones de refugiados y tránsito de terroristas y armas de todo tipo); el sempiterno conflicto palestino-israelí (con una ocupación de territorios que se perpetúa, periódicas confrontaciones violentas y un proceso de paz en el limbo); el delicado equilibrio en que se encuentra Líbano (donde, por cierto, España participa con un contingente en la fuerza de la ONU que mantiene la paz en la frontera con Israel); y, planeando sobre todo ello, la inconclusa negociación entre los grandes e Irán sobre el programa nuclear y el régimen de sanciones. España, como toda la UE, se juega mucho en medio de todo este complejo panorama. Tendremos todo interés en favorecer que la comunidad internacional permanezca firme y unida frente a ISIL, en defender la integridad de Irak (así como de Líbano y de la propia Siria), en promover soluciones negociadas en varias de esas situaciones ahora atascadas y en hacer todo lo posible por desbloquear el diálogo palestino-israelí con vistas a la puesta en práctica de la fórmula de dos Estados que convivan en paz y seguridad y al final definitivo de una ocupación de territorios que dura ya casi medio siglo. Todo ello deberá hacerlo España en concertación con sus socios de la UE y también con EEUU, pero, en su caso, deberá estar dispuesta a asumir su propia posición, por ejemplo, en lo que se refiere al Estado palestino, según acaba de aprobar casi por aclamación el Parlamento español.
Otra zona cercana de la que se ocupa activamente el Consejo es la que va a lo ancho del continente africano por la franja sahelo-sahariana y zonas circundantes desde el Atlántico hasta el Índico. Son muchos y diversos los temas involucrados: el Sahara Occidental, Mali (y los países vecinos amenazados por grupos terroristas islámicos), Libia, las actividades del grupo Boko Haram en el norte de Nigeria y Camerún, la República Centroafricana, Sudán del Sur, Somalia… En la agenda del Consejo figuran como cuestiones separadas, pero al mismo tiempo es aconsejable tratar de tener una visión de conjunto ante el incremento de la inestabilidad en la zona y la necesidad de dar una respuesta que no sea solo militar a los riesgos y amenazas implicados, sino que incorpore importantes dimensiones políticas y de desarrollo, en coordinación con las organizaciones regionales competentes. España, como país virtualmente vecino, presente en varias de las operaciones de paz en esa vasta zona (en Mali y en la República Centroafricana), deberá asumir un cierto protagonismo en los debates dentro del Consejo para la búsqueda de soluciones, incluyendo para tratar de superar el persistente bloqueo respecto del Sahara, puesto que España forma parte (junto a cuatro de los cinco miembros permanentes) del grupo de amigos del secretario general para ese tema.
Más difícil lo tiene el Consejo respecto al tercer grupo geográfico de situaciones conflictivas que figuran en su agenda: el que se extiende desde los Balcanes hasta los confines del Asia Central, en una banda que abarca desde Kosovo hasta Nagorno Karabaj. La mayoría de esas situaciones se han calificado de “conflictos congelados”, irresueltos o mal resueltos, y ahora se les ha agregado un conflicto caliente entre Rusia y Ucrania por Crimea y las zonas pro-rusas alzadas en el este de Ucrania. Se enfrentan no sólo países y etnias sino bloques geopolíticos (EEUU y la UE a un lado, Rusia por el otro) y el Consejo, en consecuencia, poco puede hacer, paralizado como está por el veto, en este caso, de Rusia. Mientras no exista un entendimiento al más alto nivel, que por ahora no se vislumbra, el relevo lo tienen que tomar, por el momento, la Asamblea, que ya ha condenado las acciones rusas, y, sobre el terreno, la organización regional OSCE, en la medida en que se lo permita el acuerdo de las partes involucradas.
Además, no hay que olvidar que siempre pueden surgir crisis no previstas o que se agudizan bruscamente. En anteriores mandatos, España tuvo que lidiar con sorpresas como la guerra de las Malvinas en 1982 o el genocidio en Ruanda en 1994, por no hablar de la guerra de Irak en 2003, de triste recuerdo. ¿De dónde podrán venir esta vez las sorpresas? Problemas y tensiones no faltan en el mundo, como lo muestran, por ejemplo, las fricciones que periódicamente se viven en Asia oriental, entre la división y nuclearización de la península coreana y las controversias de límites marítimos entre China y sus vecinos, o en Asia meridional, donde nunca se ha resuelto el conflicto por Cachemira y persiste la rivalidad entre la India y Pakistán, en la siempre agitada vecindad de Afganistán.
Además de las crisis y situaciones geográficamente localizadas, el Consejo se ocupa continuamente de cuestiones transversales (como la lucha contra el terrorismo o la proliferación de armas de destrucción masiva, la protección de los civiles en los conflictos armados, especialmente mujeres y niños, la promoción de la consolidación de la paz tras los conflictos y la lucha contra la impunidad) o instrumentales (en particular, la supervisión de las numerosas operaciones de mantenimiento de la paz y misiones políticas desplegadas por la ONU en diferentes escenarios, la promoción de la mediación y otras formas de solución pacífica de conflictos, etc.). España, que ha sido especialmente activa en muchas de estas cuestiones, habrá de plantearse la conveniencia y oportunidad de asumir, junto con otros países afines, alguna iniciativa de calado en estos campos.
Por último, hay que recordar que durante el mandato de España, concretamente en 2016, el Consejo habrá de efectuar la selección de la persona que haya de suceder a Ban Ki-moon como secretario general de la ONU, con su posterior aclamación por la Asamblea. Será la segunda vez que le quepa a España esa responsabilidad, puesto que ya tuvo oportunidad en 1981 de promover la elección, por vez primera (y única, por ahora) de un latinoamericano, el peruano Javier Pérez de Cuellar. Para la próxima etapa, y con arreglo a los entendimientos no escritos dentro de la ONU, le corresponderá el turno a un europeo, en principio alguien de Europa Oriental, región que nunca ha tenido un secretario general. Es de suponer que distintos nombres empiecen a surgir a partir de ahora. Lo que se puede afirmar, siguiendo los antecedentes, es que la persona elegida provendrá muy probablemente de un país pequeño o mediano y que, al final, será aquella que pueda obtener la anuencia tanto de EEUU como de Rusia. Cabe esperar, además, que sea un nacional de un país de la UE, aunque de antemano no haya ninguna garantía de que así ocurra.
La España que accede al Consejo
Tras siete años de crisis económica y financiera y en medio de tensiones sociales y territoriales, España atraviesa un período de encogimiento demográfico y productivo y de introspección y descreimiento en el plano político, lo que a lo largo de su historia se ha traducido frecuentemente en una tendencia al retraimiento respecto del mundo exterior. En esta ocasión no ha sido del todo así, por nuestra participación en las instituciones europeas y en diversos foros multilaterales y por la necesidad de contar con los mercados exteriores para la reactivación de nuestra economía y mejorar las perspectivas de empleo. Sin embargo, tras un período de intensa actividad internacional, los últimos años han conocido una mayor concentración en el prioritario marco europeo y una relativa menor atención a ámbitos más amplios de actuación. De prolongarse esa tendencia, ello resultaría, a la larga, incompatible con nuestra plena participación en la gobernanza de la globalización, tanto a través de la UE como con nuestros propios medios de acción.
Por esa razón, la pertenencia de España al Consejo de Seguridad durante el próximo bienio nos brinda a la vez la oportunidad y la exigencia de una política más proactiva, de mayor presencia y con un perfil más acusado en la búsqueda de soluciones compartidas a los grandes retos de la paz y seguridad mundiales, ante todo en los escenarios que más directamente nos afectan, en la periferia de Europa y en torno al Mediterráneo, del norte de África y el Sahel hasta Oriente Medio en sentido amplio. Dentro del Consejo no basta simplemente con estar ni tampoco con seguir fielmente consignas marcadas desde centros de decisión ajenos. Es preciso, siempre dentro de nuestras fundamentales opciones europeas y occidentales, desarrollar una acción propia, comprometida y dispuesta a efectuar aportaciones útiles a las decisiones colectivas que hagan frente a las amenazas y riesgos para la paz y contribuyan a reforzar la seguridad internacional.
La campaña desarrollada a lo largo de una década ha obligado a multiplicar los contactos con diversos grupos de países y a elaborar un esbozo de programa para nuestra participación en el seno del Consejo. Pero ello no basta. Ahora se precisa articular más detalladamente esa partitura y allegar los medios para que se pueda ejecutar con solvencia y eficacia. La iniciativa, lógicamente, corresponde al gobierno, que conforme a la Constitución tiene la facultad y el deber de dirigir la política exterior del Estado. Tal vez aproveche para ello la ocasión que se le presenta, además, con la anunciada aprobación de una Estrategia de Acción Exterior, que por ahora no acaba de ver la luz. Al propio tiempo, la experiencia enseña que esa acción tendrá mejores perspectivas de realizarse de forma continuada y sostenida en el tiempo en la medida en que cuente con el respaldo de las fuerzas políticas más representativas y especialmente del principal partido de la oposición.
Es de esperar que el ministro García-Margallo –quien, en su primera declaración tras la elección de España, ya resaltó la contribución que a ese resultado habían aportado gobiernos sucesivos y otras fuerzas políticas– presente próximamente en el Parlamento las prioridades y propuestas que tenga España en cartera para su desempeño en el Consejo y que periódicamente informe acerca de los principales retos y opciones con que se enfrente España en su labor dentro del organismo. Solo así se podrá contar con el necesario apoyo de la opinión pública española para un ejercicio que habrá de ser comprometido y, en ocasiones, podrá implicar, a la vez que ventajas, costes de diverso tipo.
No hay que olvidar que el bienio 2015-2016 estará partido en dos por las elecciones generales que habrán de celebrarse, a más tardar, a finales del próximo año. Según los sondeos de opinión, en esa ocasión ningún partido obtendrá una mayoría absoluta de escaños en el Congreso, lo que obligará, para gobernar con estabilidad, a pactos cuyo alcance, en este momento, no se puede aquilatar. Lo que es evidente es que, a fin de asegurar una conveniente continuidad en la acción internacional de España en los aspectos esenciales de nuestra política exterior, habrá de articularse un diálogo sostenido entre las principales fuerzas políticas, especialmente por parte de aquéllas que, por su representatividad y su trayectoria, tengan mayores perspectivas de asumir la gobernación del país. Y ello concierne, en lugar destacado, a la acción que vaya a desarrollar España en el Consejo de Seguridad a lo largo del próximo bienio.
Conclusiones: Al acceder España por quinta vez a un puesto de miembro no permanente del Consejo de Seguridad, para el período 2015-2016, le corresponderá enfrentarse a un buen número de retos.
España se va a encontrar con una cargada agenda: el año actual se ha caracterizado por una serie de crisis (Siria/Irak, Ucrania, Gaza, Libia, República Centroafricana, epidemia de ébola, por mencionar solo unas cuantas) que se han acumulado a otras ya en curso, de tal manera que se ha puesto a prueba la capacidad del Consejo –y del propio sistema de la ONU– para hacer frente a múltiples situaciones al mismo tiempo, por no hablar de la agudización de las tensiones entre las grandes potencias. Asimismo, en 2016, tocará elegir al sucesor del actual secretario general.
Al margen de estos retos inmediatos, España deberá esforzarse, como ya ha hecho en el pasado, en capitanear los esfuerzos para que el Consejo no olvide aspectos fundamentales para la comunidad internacional que a veces los grandes tienden a obviar en función de intereses más inmediatos o ventajas pasajeras –cuestiones como el imperio del Derecho, la defensa de los derechos humanos, el respeto del Derecho internacional humanitario, la lucha contra la impunidad de los responsables de los crímenes más graves de trascendencia internacional, el especial papel de la mujer en la situaciones de conflicto, así como el recurso a la mediación y otros medios pacíficos de arreglo de las controversias–.
Por último, es importante que –tras siete años de crisis económica y financiera y en medio de tensiones sociales y territoriales– el hecho de que España atraviesa un período de encogimiento demográfico y productivo y de introspección y descreimiento en el plano político no lleve, como en ocasiones anteriores, a una tendencia al retraimiento respecto del mundo exterior. La pertenencia de España al Consejo de Seguridad durante el próximo bienio brinda a la vez la oportunidad y la exigencia de una política más proactiva, de mayor presencia y con un perfil más acusado en la búsqueda de soluciones compartidas a los grandes retos de la paz y seguridad mundiales, ante todo en los escenarios que más directamente le afectan, en la periferia de Europa y en torno al Mediterráneo.
Juan Antonio Yáñez-Barnuevo
Embajador de España y representante permanente en las Naciones Unidas en 1991-1996 y 2004-2010

Unión de la Energía ¿con o sin interconexiones? Gonzalo Escribano.

Unión de la Energía ¿con o sin interconexiones?

Gonzalo Escribano. Opinión - 28/11/2014


(*) Publicado el 28/11/2014 en La Razón.
El Consejo Europeo de 23 y 24 de octubre aprobó el paquete de energía y clima 2030, abriendo la puerta a una ‘Unión de la Energía’ propuesta por Jacques Delors y retomada por el ex-primer ministro polaco y nuevo presidente del Consejo, Donald Tusk, con el apoyo de Francia. Tras la crisis de Ucrania, Polonia apostó por la negociación colectiva comunitaria de los contratos de gas con Rusia y la participación de la Comisión Europea en las negociaciones con Moscú. Muchos Estados miembros, entre ellos España, han sido receptivos a la iniciativa, pero insistiendo en que esa Unión de la Energía debe basarse en la consecución de un mercado interior único, es decir interconectado.
La incoherencia de apostar por una Unión sin interconexiones introdujo fuertes tensiones en las negociaciones para aprobar el paquete 2030, que pese a las declaraciones de intenciones que contiene no ha proporcionado una solución clara. No se ha aprobado un objetivo vinculante del 15% de capacidad de interconexión para 2030 como quería España, que se ha tenido que contentar con un objetivo del 10% para 2020. Este resultado no parece muy alentador, teniendo en cuenta que el Consejo Europeo celebrado en Barcelona en 2002 acordó un objetivo del 10%...¡para 2005! Eso sí, el nuevo objetivo es modesto pero vinculante. Además, España cuenta con el Comisario de Energía y Medio Ambiente para monitorizar desde la Comisión que se avanza en el objetivo y que parte de los 300.000 millones de euros del plan Juncker para estimular la economía europea se dedican a financiar esas interconexiones, vitales para superar el aislamiento energético de España.
El esfuerzo negociador del gobierno español debe ser valorado, pero también la resistencia francesa a abrir su mercado energético a la competencia del gas y las renovables procedentes de España. No hay más que leer el documento de conclusiones del Consejo Europeo para apreciar sus meandros y los matices a los matices, exponentes de la mejor tradición diplomática francesa en el arte de no comprometerse. Con un conflicto abierto con Rusia, la nueva Comisión no debería perder de inicio su credibilidad en un tema tan capital como la seguridad energética europea. On verra
Gonzalo Escribano es director del Programa de Energía y Cambio Climático del Real Instituto Elcano | @ g_escribano
 LA CORRUPCIÓN, CANCER DE ESPAÑA por Miguel Bataller

El pasado jueves 27 de Noviembre de 2014,  se realizó en nuestro Congreso de Diputados un pleno monotemático, sobre LA LUCHA CONTRA LA CORRUPCIÓN.

Parafraseando a D. Ramón de Campoamor, cuando dijo:

“En este mundo traidor nada es verdad ni es mentira, porque todo es del color, del cristal con que se mira” dos castizos españoles aportarían cada uno de ellos su propio refrán relativo al caso, según su posicionamiento político.

Para los afiliados al PSOE y con la idea de desgastar el PP, les serviría  aquel que dice:

“A buenas horas mangas verdes”

Y tal como han hecho los socialistas ante la oferta de Rajoy, de pactar un programa común contra la corrupción, se saldrían por la tangente.

Para los del PP, vendría al caso aquel que dice:

“Nunca es tarde, si la dicha es buena”

 Tampoco sirve para demasiado, cuando la dicha llega demasiado tarde para solucionar problemas enquistados de imposible solución sin quedar en ridículo.

Para todos los demás partidos, partidillos, o juntas de copropietarios de las Cortes Españolas (que así parecen entenderlas algunos) la solución es la dimisión de Rajoy siguiendo la ruta marcada por su Ministra de Sanidad anteayer.

A nadie le faltarán sus razones, pero todos ellos acabarán aduciéndolas en base a sus intereses partidistas, sin pensar nunca en lo mejor para España.

Parece como si en esa burbuja singular en la que viven nuestros políticos, alejados del mundo real que les rodea, no existiera el sentido común.

Es como si pensaran que están en la cara oculta de la luna, invisible para el resto de los humanos y que por lo tanto, todo lo que ellos hacen o dicen no llega a la sensibilidad de los ciudadanos.

La corrupción parece ahora que es sólo un pecado de los populares porque gobiernan en este momento, cuando es una lacra  generalizada.

Pero es un estigma que ha venido actuando con absoluta impunidad desde 1978 hasta hoy, y en cada esquina de nuestro suelo patrio, desde Francia a las Canarias y de las Baleares a Portugal, afectando siempre a todos los que tocaban poder o se relacionaban con él.

A Partidos Políticos, Sindicatos y Organizaciones Empresariales.

Sólo no han robado a nivel institucional, los que no han podido hacerlo.

Sólo no han prevaricado, ni incurrido en cada uno de los delitos propios e inherentes al ejercicio del poder, los que no han sabido hacerlo y una pequeña proporción de los que no han querido hacerlo, pero tampoco se han atrevido a denunciar a los corruptos que campaban a sus anchas muy cerca de ellos, en su mismo entorno institucional.

Nadie está libre de pecado, ya sea por acción o por omisión, por lo tanto nadie puede tirar la primera piedra.

Me río de quienes pretenden disfrazar este hecho innegable, aduciendo que sólo son corruptos un pequeño porcentaje de los políticos de alto rango.

Esos son los más aparentes y los que se han atrevido a todo, convencidos de la impunidad que les ampararía en caso de ser descubiertos, como así ha sido durante muchos años.

Y el porcentaje en ser juzgados y condenados ínfimo, en comparación a los delitos cometidos y sólo en dos momentos determinados.

Al final de los Gobiernos de Felipe González  en los años noventa, y ahora cuando se aproxima también el fin de Rajoy al frente del Gobierno.

Entonces tuvo que pasar su  Vía Crucis el socialismo que tardó ocho años en recomponerse, pero sin perder los viejos hábitos de corrupción.

Ahora les tocara el turno a los populares en toda España y a los convergentes en Cataluña, pasar por el mismo calvario para purgar sus penas, ya que a los catalanes y al resto de los españoles, no nos queda más remedió que perdonar pero no olvidamos.

Y lo más lamentable y pernicioso, es que ni socialistas ni populares ni convergentes se han percatado todavía de que en esa guerra fratricida a tres bandas, la que más va a perder es España y el conjunto de todos los españoles, porque detrás de ellos, sólo queda un inmenso mar de utopías sin experiencia de Gobierno, que pueden llevarnos al caos.

¡Dios nos pille confesados!



  

viernes, 28 de noviembre de 2014

Lesmes convoca a una vocal que entró por Andorra con 9.500 euros

Lesmes convoca a una vocal que entró por Andorra con 9.500 euros

Pigem, miembro del Poder Judicial a propuesta de CiU, alega que el dinero se lo dio su madre

Mercè Pigem. / JOAN SANCHEZ
El presidente del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), Carlos Lesmes, ha citado para una reunión urgente a Mercè Pigem, vocal a propuesta de CiU del órgano de gobierno de los jueces, que fue sorprendida hace dos semanas en la frontera de Andorra con 9.500 euros. Según publica hoy El Periódico de Catalunya y ha confirmado la propia Pigem, la vocal viajaba en un coche con su hermana, que llevaba 10.360 euros.
Pigem ha llegado ya a Madrid tras ser convocada por Lesmes, que el pasado miércoles anunció en el Congreso nuevas medidas para luchar contra la corrupción. Según fuentes del Poder Judicial, el presidente y la vocal se reunirán previsiblemente este mediodía. El límite permitido de entrada de dinero efectivo sin declarar en España es de 10.000 euros, por lo que la vocal no lo superaba y, según ha declarado ella misma esta mañana a los medios de comunicación, no le abrieron expediente en la frontera. Sí se lo abrieron a su hermana, que excedía el tope permitido. Ese expediente se envía al Servicio Ejecutivo de la Comisión de Prevención de Blanqueo de Capitales e Infracciones Monetarias (Seplac), que es el encargado de determinar si hay que investigar la procedencia del dinero.
Pigem, abogada especializada en Derecho Matrimonial y de Familia, fue diputada de CiU hasta su nombramiento como vocal del Poder Judicial en diciembre de 2013. Es también miembro de la Comisión Permanente de CGPJ. Según la información publicada por El Periódico de Catalunya, el dinero se lo dio su madre, que reside en Andorra, para hacer compras de Navidad.
La propia Pigem ha confirmado a Europa Press la veracidad de esta información si bien ha insistido en que a ella no se le ha levantado ninguna acta administrativa porque la cantidad que llevaba encima no superaba dicho límite. En el caso de su hermana, a la que sí se levantó acta, se superaban en 360 euros el tope de 10.000. La vocal se ha mostrado "muy sorprendida" por la publicación, e insiste en que ella no ha cometido ninguna irregularidad, ni siquiera una infracción de carácter administrativo.

España registra la tercera mayor bajada del paro de la UE en el mes de octubre

España registra la tercera mayor bajada del paro de la UE en el mes de octubre

Día 28/11/2014 - 12.46h
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La tasa de desempleo pasa del 26% al 24% en nuestro país, según datos de Eurostat. El porcentaje de parados se mantuvo estable en el 11,5% en la UE en comparación con el mes anterior

La tasa de desempleo de la zona euro en octubre se mantuvo estable en el 11,5% en comparación con el mes anterior, en la misma línea que el conjunto de la Unión Europea (UE), donde continuó en el 10%, ha informado este viernes la agencia estadística comunitaria (Eurostat).
La tasa de paro en octubre sí ha bajado en la zona euro si se compara con el mismo mes de 2013, cuando se situó en el 11,9%, un descenso que también se ha producido en los Veintiocho respecto a octubre del año pasado, cuando el paro fue del 10,7%. Según Eurostat, 24,4 millones de personas estaban en paro en la UE en octubre, de ellas 18,3 millones en la zona euro.
En comparación con septiembre, el número de desempleados ha aumentado en 42.000 personas en el conjunto de los Veintiocho y también ha crecido en 60.000 entre los dieciocho países de la moneda única, mientras que si se compara con octubre de 2013, los parados han disminuido en 1,5 millones y en 547.000, respectivamente.
Por países, los que registraron tasas de desempleo más bajas en octubre fueron Alemania (4,9%) y Austria (5,1%), mientras los porcentajes más elevados correspondieron a Grecia (25,9% según datos de agosto de 2014) y España (24%). En un año, la tasa de paro cayó en 22 Estados miembros, aumentó en cinco y permaneció estable en Luxemburgo.
Las principales bajadas se registraron en Hungría (del 10% al 7,3 % entre septiembre de 2013 y septiembre de 2014), Portugal (del 15,6% al 13,4%) y España (del 26% al 24%), mientras las subidas más fuertes se las anotaron Italia (del 12,3% al 13,2%) y Finlandia (del 8,3 al 8,9%).
En cuanto al paro juvenil, en octubre afectaba a 4,98 millones de menores de 25 años en la Unión Europea, de los que 3,3 millones se encontraban en la zona euro. En comparación con el mismo mes de 2013, el número de jóvenes en paro cayó en 504.000 personas en el conjunto de la Unión y en 141.000 en los países de la moneda única.
La tasa de desempleo juvenil se situó este mes de octubre en el 21,6% en los Veintiocho y en el 23,5% en la zona euro, frente al 23,3% y el 24%, respectivamente, observados en el mismo mes del año anterior.
Las tasas más bajas de paro entre los jóvenes se registraron en Alemania (7,7%), Holanda (9,7%) y Austria (10%), en tanto que las más elevadas se dieron en España (53,8%), Grecia (49,3% según datos de agosto), Italia (43,3%) y Croacia (41,5% en el tercer trimestre del año).